¿Qué es la espasticidad?
La espasticidad muscular es un problema frecuente en los trastornos neurológicos crónicos debido a una lesión de la neurona motora superior. Esto puede provocar el deterioro de movimientos voluntarios, unido a una posible atrofia (pérdida de masa muscular). Es decir, puede comprometer el control postural, la funcionalidad y la calidad de vida.
Podemos definir el término «espasticidad» como el aumento de la tonalidad muscular dependiente de la velocidad de los reflejos de estiramiento hiperactivos (Avedis Aznavurian, A., Aguilar Rebolledo, F., p.p. 152-159).

Mano espástica
La espasticidad en la esclerosis múltiple
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune, desmielinizante, crónica e inflamatoria, que afecta al sistema nervioso central. El sistema inmunológico ataca por error la mielina, que es la capa protectora que recubre las fibras nerviosas. Este hecho afecta en especial a personas de entre 20 y 50 años, es más frecuente en mujeres, y constituye la principal causa de discapacidad neurológica en este rango de edad. Algunos de los síntomas pueden ser:
- Espasticidad.
- Disfunción vesical.
- Fatiga.
- Mala calidad de sueño.
- Dificultad para caminar.

En este caso, trataremos de relacionar la esclerosis múltiple con la espasticidad, que es un síntoma común en esta enfermedad. El paciente expresa este síntoma como una pérdida de control de los reflejos medulares, lo que afecta de diferentes formas, en mayor o menor grado según las características fisiológicas de cada persona.
Con el objetivo de mantener o mejorar el funcionamiento y la preservación de la calidad de vida de los pacientes, se recomienda una observación minuciosa y una prescripción personalizada de los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos. Tras este enfoque individualizado, se pretende conseguir una mejora de la calidad de vida de los pacientes (Oreja-Guevara, C., Montalban, X., de Andrés, C., Casanova-Estruch, B., Muñoz-García, D., García, I., & Fernández, Ó. 2013, p.p. 359 – 365).
Los síntomas
La alteración motora producida por la espasticidad muscular puede tener diferentes síntomas debido a la variedad de «síndromes de neuronas motoras superiores» y la afectación según género, edad, o desarrollo de la enfermedad (Avedis Aznavurian, A., Aguilar Rebolledo, F., p.p. 152-159):
- Debilidad.
- Propensión a la fatiga.
- Reclutamiento reducido de unidades motoras.
- Destreza reducida.
- Aumento del tono dependiente de la velocidad (dificultad al realizar movimientos rápidos).
- Fase de relajamiento anormal.
- Contracciones musculares rítmicas e involuntarias.
- Rigidez.
- Distonía.
- Espasmos de los flexores y extensores.
- Hiperreflexión del estiramiento, cutánea y autonómica.
Cómo tratar la espasticidad muscular
Para lograr la mayor recuperación funcional posible, se deben utilizar enfoques neuromusculares del ejercicio terapéutico. Esto requiere un enfoque hacia el entrenamiento de la fuerza, en todas sus vertientes, siendo de gran importancia la adaptación de las cargas y nivel de esfuerzo según el tipo de paciente y sus posibilidades (González Mingorance, L. 2023, p.p. 1 – 17).
El tratamiento de la espasticidad a través del ejercicio de fuerza requiere que, a la hora de realizar los ejercicios, tengamos en cuenta los siguientes factores:
- El patrón de activación.
- El tiempo de realización del movimiento.
- La velocidad.
- El tipo de contracción muscular.
Por otra parte, el fisioterapeuta debe orientar su estrategia de actuación, de manera que pueda incidir a través de:
- La aproximación y posicionamiento de los segmentos.
- Contactos adecuados.
- Superficies de trabajo determinadas.
- Retroalimentación verbal y física que permitan al paciente evocar respuestas musculares específicas.
El entrenamiento de la fuerza es una de las herramientas más utilizadas para tratar la espasticidad muscular, ya que mejora las propiedades viscoelásticas de la unidad músculo-tendón, modula el tono muscular, mantiene o incrementa la extensibilidad de los tejidos blandos, reduce la posibilidad de contracturas y mejora la función motora. Todo esto conlleva, un aumento de en el rango de movilidad articular y la disminución de la resistencia del movimiento pasivo (Bacca, O. A., Patiño, M. S., Herrera, E., & Barela, J. A. 2017, p.p. 364 – 378).
Bibliografía
- Avedis Aznavurian, A., Aguilar Rebolledo, F., RF. Espasticidad. ¿Qué es y qué no es? Plasticidad y restauración neurológica. 2006; 5 (2):152 – 159.
- Bacca, O. A., Patiño, M. S., Herrera, E., & Barela, J. A. (2017). Enfoques del ejercicio terapéutico sobre la espasticidad en miembro inferior post-Enfermedad Cerebro Vascular: revisión sistemática. Revista de la Universidad Industrial de Santander. Salud, 49(2), 364 – 378.
- González Mingorance, L. (2023). Efectos de un entrenamiento de fuerza a máxima velocidad concéntrica vs un entrenamiento de fuerza tradicional sobre la espasticidad en mujeres con esclerosis múltiple: una propuesta de ensayo controlado aleatorizado, 1 – 17.
- Oreja-Guevara, C., Montalban, X., de Andrés, C., Casanova-Estruch, B., Muñoz-García, D., García, I., & Fernández, Ó. (2013). Documento de consenso sobre la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple. Rev Neurol, 57(8), 359 – 373.





